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CARTAS ROSACRUCES

 

VII

 

LOS HERMANOS

 

 

No preguntes quienes han escrito estas cartas. Júzgalas por sus méritos. Considera el espíritu en que están escritas y no meramente las palabras. No nos mueve ningún motivo egoísta. La luz interna nos induce a obrar, nos impulsa a escribirte y nuestras credenciales son las verdades que poseemos, fácilmente reconocidas por quienes todo lo posponen a la verdad. Te las comunicaremos en proporción a como seas capaz de recibirlas y estás en libertad de aceptar o de no aceptar lo que te digamos; porque la Sabiduría divina no clama por admisión. Es una luz que brilla con eterna tranquilidad y espera pacientemente el día en que se la reconozca y admita.

 

Nuestra comunidad ha existido desde el primer día de la creación (1) y continuará existiendo hasta el último. Es la Sociedad de Los Hijos de la Luz, cuyos miembros conocen la luz que brilla en el interior y el exterior de las tinieblas. Nosotros conocemos la naturaleza del destino del hombre y tenemos una escuela en la que la Sabiduría divina es el Maestro y enseña a cuantos desean la verdad por sí misma y no meramente por el beneficio mundano que les pueda allegar. Los misterios explicados en dicha escuela se refieren a todo cuanto cabe conocer respecto a Dios, a la Naturaleza y al Hombre. Los antiguos sabios aprendieron en nuestra escuela y jamás en ningún otro lugar. Entre sus miembros, hay quienes habitan en otros mundos distintos de éste. Están esparcidos por el universo entero, pero los une un sólo Espíritu, sin divergencia de opinión. Todos estudian un sólo libro y por el mismo método.

 

Nuestra Sociedad está constituída por Elegidos, o sea, por quienes buscan la luz y son capaces de recibirla y el que posee mayor receptividad para la luz es nuestro Jefe. Cada miembro conoce intuitivamente nuestro punto de reunión y fácilmente llegan a él todos, importando bien poco el lugar donde residan. Está muy cerca y, sin embargo, se halla oculto a los ojos del mundo y sólo puede encontrarlo el iniciado. Los ya dispuestos pueden entrar, los que no lo están todavía han de esperar a estarlo.

 

Nuestra orden tiene tres grados. Al primero se llega por la inspiración divina; al segundo por la iluminación interior y al tercero y superior, por la contemplación y devoción. En nuestra Sociedad no hay disputas ni controversias, ni especulaciones ni sofismas, ni dudas ni escepticismo y quien tiene mejor oportunidad de hacer el bien, es el más feliz. Poseemos los más profundos misterios y, sin embargo, no somos una Sociedad secreta, porque nuestros secretos son un libro abierto para quien está en disposición de leerlo. El secreto no dimana del poco deseo de enseñar, sino de la debilidad de quienes piden que se les enseñe. Nuestros secretos no pueden comprarse por dinero ni divulgarse públicamente. Unicamente los comprenden los capaces de sabiduría y amor fraternal, en quienes estos poderes han comenzado a despertar. Feliz aquel en quien ha prendido el fuego sagrado y está contento. Conoce la causa de las miserias humanas y la necesidad inevitable del mal y de sufrimientos. Su clara visión le permite ver el fundamento de todos los sistemas religiosos y los reconoce como modalidades de verdades relativas.

 

La humanidad vive en un mundo de símbolos, cuyo significado no comprenden la mayoría de las gentes, pero se acerca el día en que se conozca el espíritu que estos símbolos entrañan y se revelen los sagrados misterios. Perfecto conocimiento de Dios, perfecto conocimiento de la Naturaleza y perfecto conocimiento del hombre, son las tres luces que en el inderrocable altar de la verdad, iluminan perpetuamente el intérrimo santuario del templo de la sabiduría.

 

Sólo hay una religión fundamental y una fraternidad universal. Formas externas, sistemas y asociaciones religiosas, todo son cáscaras que encierran una porción tan sólo de la verdad y los formulismos son únicamente verdaderos en proporción a como representan las verdades que ocultan. Son necesarios para quienes no pueden todavía reconocer la verdad invisible y abstracta, a menos que un símbolo la represente y al darles a comprender poco a poco, que existe la verdad aunque para ellos invisible, les proporcionamos la base de su conocimiento espiritual. Pero si las formas externas del sentimiento religioso representan verdades ocultas que no existen en aquel sistema, entonces sólo son ridículas mojigangas. Hay tantos errores ocmo fórmulas y teorías que sólo pueden ser relativamente ciertas y siendo infinita la verdad absoluta, no puede circunscribirse a una forma limitada. Los hombres han tomado equivocadamente la forma por el espíritu, el símbolo por la verdad y de esta equivocación han brotado infinitos errores que no pueden enmendarse con vituperios ni con ardientes controversias, ni asumiendo una actitud hostil contra los que viven en el error. Las tinieblas no pueden desvenecerse con otra arma que con la de la luz y donde prevalece la sabiduría, desaparece la ignorancia, como en donde brilla la luz no caben las tinieblas.

 

Pronto aparecerá la luz en este Siglo. Se conocerán cosas ocultas durante siglos; se descorrerán muchos velos y será revelada la verdad subyacente en las fórmulas. La humanidad se acercará más a Dios. No podemos decirle ahora porque ocurrirá esto en este siglo. Nos limitaremos a decir que todo tiene su tiempo y su lugar y que todas las cosas en el Universo se hallan reguladas por la divina ley de orden y armonía. Primero vino el símbolo que contenía la verdad; después la explicación del símbolo y más tarde reconocerá y aceptará la verdad. No de otra manera se ve el árbol despúes de brotar la semilla que era el símbolo que sintetizaba su carácter. Nuestro deber es ayudar al nacimiento de la verdad  y abrir las cáscaras que la contienen, reavivando los muertos jeroglíficos, cuyo significado revelaremos, no por nuestro propio poder, sino por el de la Luz, de la que somos instrumento.

 

No pertenecemos a secta alguna, ni tenemos ambición que satisfacer, ni deseamos pupularidad, ni nos disgusta el estado presente de cosas en el mundo como a quienes desean gobernar para imponer sus opiniones. No hay personas ni partido alguno que influya en nosotros ni esperamos recompensa por nuestra labor. Poseemos una Luz, que nos permite conocer los misterios más profundos de la Naturaleza y nos alimenta un Fuego, por cuyo medio podemos obrar sobre todas cuantas cosas en la Naturaleza existen. Poseemos la clave de todos los secretos y conocemos el lazo que une nuestro planeta con los otros mundos. Nuestra ciencia es una Ciencia Universal, porque abarca el universo entero y su historia comienza en el primer día de la creación. Poseemos los antiguos libros de sabiduría. Todo en la Naturaleza se halla sujeto a nuestra voluntad porque nuestra voluntad es una con la del Espíritu Universal, potencia motora del universo entero y origen eterno de toda vida. No necesitamos informe alguno de hombres, ni de libros, porque podemos percibir todo cuanto existe y leer en el libro de la Naturaleza, exento de errores. En nuestra escuela se enseña todo, porque la luz de todas las cosas dimana de la ominisciencia de nuestro Maestro.

 

Podemos hablarte de lo más maravilloso que conocemos,que está tan por completo fuera del alcance del filósofo más erúdito de nuestros tiempos, como el Sol de la Tierra,; pero tan cercano a nosotros como la luz del espíritu al espíritu de que emana. No es nuestra intención excitar tu curiosidad. Deseamos suscitar en ti la sed de sabiduría y el hambre de amor fraternal, a fin de que abras los ojos  a la luz y contemples la verdad divina. No nos corresponde abrir tu entendimiento. Le corresponde al poder de la verdad que entra en el corazón. El divino desposado del alma llama a la puerta y muchos son los que no escuchan su llamada o no quieren admitirlo, porque están sumidos en las ilusiones de la existencia externa.

 

¿Deseas ser miembro de nuestra Sociedad? Si es así, penetra en tu propio corazón. ¿Deseas conocer a los Hermanos? Si es así, aprende a conocer la divinidad manifestada en tu propia alma. Busca en ti lo perfecto, inmortal e inmutable y cuando lo encuentres, habrás entrado en nuestra sociedad y nos conocerás. En nuestro círculo no caben imperfecciones y antes de que puedas entrar en él, has de arrojar de ti todas las imperfecciones de tu naturaleza. El fuego del amor divino ha de consumir los elementos corruptibles de tu interior. Debes ser bautizado con el agua de la verdad y estar revestido de una substancia incorruptible producida por pensamientos puros. Han de abrirse los sentidos internos a la percepción de las verdades espirituales, iluminada la mente por la sabiduría divina. Entonces se actualizarán las grandes potencias de tu alma, ahora para tí desconocidas y podrás vencer el mal. Tu entero ser será restaurado y transformado en un ser de luz y tu cuerpo servirá de mansión al espíritu divino. ¿Preguntas cuales son nuestras doctrinas? No proclamamos ninguna, porque cualquiera que proclamáramos sería para tí una opinión dudosa, mientras no te conozcas a tí mismo. Este conocimiento lo has de lograr por la instrucción interna y debe ir desarrollándose en ti mismo. Interroga al espíritu divino en tu interior, abre tus sentidos internos a la comprensión de lo que dice y responderá a tus preguntas. Todo cuanto podemos hacer es darte algunas ideas para que las consideres y examines. No para que las creas porque proceden de nosotros, sin examinarlas antes y quedar de ellas satisfecho, sino para que puedan servirte de jalones y señales, como ariádnico hilo, durante tus incursiones por el intrincado laberinto del examen propio.

 

Una de las proposiciones que deseamos someter  a tu consideración es que la humanidad no será feliz hasta que haya absorbido el espíritu de sabiduría divina y de amor fraternal. Cuando esto ocurra, las coronas de los que rigen el mundo, serán razón pura y no adulterada y sus cetros serán amor. Tendrán poder de libertar a los pueblos de la superstición y de las tinieblas y las condiciones externas de la humanidad mejorarán una vez logrado el perfeccionamiento interno. Entonces desaparecerán la pobreza, el crimen y la infermedad.

 

Otra proposición es que una de las causas de que los hombres no sean más espirituales e inteligentes, es que la grosería y densidad de las partículas materiales que componen sus cuerpos impiden la libre acción del elemento espiritual en ellos contenido y que cuanto más groseramente vivan y cuanto más se dejen dominar por los placeres sensuales, animales y semianimales, tanto menos serán capaces de lanzarse en pensamiento a las regiones superiores del mundo ideal y de percibir las eternas realidades del espíritu. Mira las formas humanas que por las calles encuentras, repletas de carne llena de impurezas animales y con el sello de la intemperancia y de la sensualidad impresos en sus rostros y pregúntate si están o no adaptadas para expresar las manifestaciones internas de la sabiduría divina.

 

También decimos que espíritu es substancia y realidad. Sus atributos son: indestructibilidad, impenetrabilidad y duración. La materia es una agregación que produce la forma ilusoria. Es divisible, penetrable, corruptible y mudable. El reino espiritual es un mundo indestructible, efectivamente existente, cuyo centro es el Logos y sus habitantes las Potestades conscientes e inteligentes. El mundo físico es un mundo de ilusiones, sin la verdad absoluta. Todo lo existente en el mundo externo es relativo y fenoménico. Este mundo es, por decirlo así, la pintura sombría del mundo interno y real, producida por la luz del espíritu viviente que obra en el interior y en el exterior de la materia animada, en las formas donde reside y mora la vida.

 

La inteligencia inferior del hombre toma sus ideas prestadas del reino siempre inestable de lo senual y hállase, por lo tanto, sujeta a un cambio continuo. La inteligencia espiritual del hombre, o sea su intuición, es un atributo del espíritu y, por lo tanto, inmutable y divina. Cuanto más etéreas, refinadas y movibles sean las partículas del organismo físico del hombre, con tanta mayor facilidad penetrará en ellas la luz divina de la inteligencia y sabiduría espirituales.

 

Un sistema racional de educación ha de fundarse en el conocimiento de la constitución física, psíquica y espiritual del hombre y no meramente en su aspecto material. El aspecto externo de la constitución humana puede estudiarse por medio de métodos externos, pero el conocimiento de su organismo invisible sólo se alcanza por introversión y estudio de sí mismo. El más importante consejo que hemos de darte es, por tanto:

 

APRENDE A CONOCER TU PROPIO YO

 

Las proposiciones anteriores bastan para que las medites y examines a la luz del espíritu, hasta que recibas más enseñanzas.

 

 

 

(1) Se dice que los Hijos de Manú, Nacidos de la Mente que no procrearon y cuya misión fue instruir a la humanidad, formaron la primera Sociedad Oculta y que, desde entonces, todos los Adeptos trazan su descendencia a uno y a otro de Los Hijos de la Mente del Primer Señor.

 

 

 

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